
Trayectoria
Medio siglode escenario.
Más de cincuenta años de carrera, contados enteros y con fuente. De la primera banda de barrio al disco de 2024.
Guillermo Ríos —«Memo» para el público que lleva más de medio siglo aplaudiéndole— es cantante, comediante y actor mexicano, y una de esas figuras cuya carrera se cuenta mejor por lo que abrió que por lo que acumuló. Grabó el primer rap de México cuando en el país nadie sabía todavía qué era eso. Construyó alrededor de la palabra «aplausos» una marca artística que sigue viva cuatro décadas después. Y a sus setenta y cuatro años sigue subiéndose al escenario, grabando discos nuevos y apareciendo en televisión nacional, que es exactamente la combinación que un promotor busca y casi nunca encuentra: un nombre que las generaciones mayores reconocen de inmediato y que las más jóvenes acaban de ver en la pantalla.
Nació el 25 de diciembre de 1951 en Toluca, Estado de México. Creció, como toda su generación, en un país donde la música que llegaba de fuera entraba por la radio y se traducía a golpe de oído, y donde ser músico joven significaba armar una banda con los amigos del barrio antes de saber tocar del todo. Eso fue justo lo que hizo: siendo adolescente formó su primera banda, Los Intocables, con The Beatles y los Rolling Stones como brújula. Era el momento en que el rock mexicano se estaba inventando a sí mismo, y él estuvo dentro desde el principio, no como espectador sino tocando.
De ahí dio un salto que en esa época era enorme y que hoy cuesta dimensionar: se fue a Hollywood a estudiar actuación. Un músico joven del Estado de México que se va a formarse como actor a California no era una carrera trazada, era una apuesta. Y esa apuesta explica buena parte de lo que vendría después, porque Memo Ríos nunca ha sido solo un cantante que habla entre canción y canción. Lo que aprendió allá —el tiempo cómico, el manejo de la sala, la diferencia entre decir una línea y actuarla— es lo que hace que sus shows funcionen tanto en un teatro sentado como en una plaza de pie. Regresó a México en 1975 con esa doble formación, música y actuación, que desde entonces no ha separado nunca.
Cuatro años después llegó el momento que lo mete en la historia de la música mexicana. En 1979, el grupo neoyorquino Sugarhill Gang publicó «Rapper's Delight», la canción que sacó al rap del Bronx y lo puso en las radios del mundo. Ese mismo año, Memo Ríos grabó «El Cotorreo», su versión en español, y con ella firmó lo que se reconoce como el primer rap grabado en México. No fue una curiosidad de catálogo: fue una traducción cultural hecha a tiempo real, en un país que aún no tenía ni la palabra para nombrar el género. Medios como Vice y Milenio lo han documentado al contar la historia del hip hop mexicano, y los archivos especializados del género siguen colocando «El Cotorreo» en el punto de partida de esa genealogía. Cuando hoy se celebran las décadas del rap en español, la grabación de Memo Ríos está en el origen de la línea.
Conviene detenerse en la velocidad del gesto, porque es lo que lo separa de una versión cualquiera. «Rapper's Delight» salió en septiembre de 1979 y todavía era una rareza incluso dentro de Estados Unidos: el rap no tenía radio nacional, no tenía industria detrás y apenas tenía nombre. Que ese mismo año un artista mexicano lo escuchara, entendiera de qué iba y lo grabara en español no es haber seguido un éxito, es haber reconocido un género antes de que el género existiera como tal. En una carrera, esa es la distancia exacta entre subirse a una moda y abrir una puerta. Cuarenta y tantos años después, cada vez que se cuenta la historia del hip hop en México la cuenta empieza por ahí.
«El Cotorreo» también fue un éxito comercial, no solo un hito. Le valió discos de oro y le dio algo más duradero: una identidad. Del cotorreo nació el «aplauso» como sello personal, y de ahí «Ríos de Aplausos», el nombre con el que ha trabajado desde entonces y bajo el que ha ido titulando su obra. Es un juego de palabras con su apellido, sí, pero también es una declaración de oficio bastante literal: lo que él vende no es un género musical concreto, es la reacción del público.
En 1980 debutó en televisión, y a partir de ahí su carrera dejó de ser la de un músico para convertirse en la de un artista de escenario completo. La pantalla le dio lo que a un comediante le hace falta y ningún disco le da: rostro reconocible en todo el país y la costumbre del público de recibirlo con confianza antes de que abra la boca. Esa mezcla de músico, cómico y actor televisivo es su verdadero formato, y es la razón por la que un mismo nombre puede programarse en una feria, en un palenque, en un teatro y en un evento de empresa sin tener que reinventarse para cada uno.
Su humor tiene incluso nombre propio. Él llama «memocurrencias» a sus ocurrencias, y desde hace años les dedica una sección entera de su propio sitio: una marca dentro de la marca, igual que los aplausos. Un artista que ha bautizado su propio humor es un artista con un registro reconocible, y un registro reconocible es precisamente lo que compra un promotor cuando contrata un nombre en vez de un género: sabe qué va a subir al escenario antes de que suba.
Su discografía siguió creciendo con la marca de los aplausos por delante y con una costumbre poco común en artistas de su generación: cambiar de sonido en vez de repetirse. En 1992 grabó «Techno Aplausos», cuando lo electrónico apenas empezaba a colarse en la música popular mexicana. En 1993, «Banda Aplausos», entrando al género que dominaba las plazas del país en esos años. En 1999 recopiló su trayectoria en «Grandes Éxitos». Y en 2024, con más de setenta años, publicó «Aplausos al Rock», un disco nuevo que lo devuelve al rock con el que empezó todo. Ese arco —del rap al techno, del techno a la banda, y de vuelta al rock medio siglo después— es el mismo instinto que lo llevó a grabar «El Cotorreo» en 1979: escuchar lo que está sonando y meterse.
Visto en conjunto, el catálogo dice algo que ninguna biografía puede decir sola: que ha sobrevivido a cuatro cambios completos del gusto popular sin salirse del mapa. El rap de 1979, el techno de los noventa, la banda que mandaba en las plazas y el rock del regreso no son cuatro caprichos, son cuatro veces que decidió moverse en lugar de esperar a que el público volviera solo. Esa es la diferencia entre un artista de una época y un artista con época propia, y es la razón por la que su nombre sigue funcionando en un cartel de 2026.
Ese instinto explica por qué sigue teniendo público hoy y no solo memoria. Su perfil de Spotify reúne alrededor de diecisiete mil oyentes al mes, cifras de artista vigente y no de catálogo histórico. En Facebook lo siguen veintiséis mil personas y en Instagram cerca de ocho mil en la que él mismo señala, en su biografía, como su única cuenta oficial. Son comunidades reales, construidas sin campañas ni estrategia de agencia, por la vía lenta de seguir trabajando.
En 2025 volvió a la televisión nacional en MasterChef Celebrity México, donde estuvo en las cocinas del programa durante la temporada. La aparición le hizo a su carrera lo que suelen hacer estos formatos cuando caen sobre una figura de trayectoria larga: lo puso delante de un público que no había nacido cuando grabó «El Cotorreo» y le devolvió, de golpe, presencia cotidiana en la conversación. Para quien lo contrata, eso se traduce en algo muy concreto: no está programando nostalgia, está programando un nombre que la gente vio en la pantalla hace meses.
Hay un dato que resume por qué su carrera sigue de pie mejor que cualquier adjetivo: en 2024 publicó un disco nuevo. No una reedición ni un recopilatorio de aniversario, sino material nuevo, grabado pasados los setenta, con el rock que tocaba de adolescente. La mayoría de las trayectorias de medio siglo terminan administrando un catálogo; la suya sigue produciendo. Para quien lo contrata eso significa dos cosas muy prácticas: que hay repertorio reciente del que hablar cuando se anuncia la fecha, y que el artista está en activo —ensayando, grabando, pisando escenarios— y no regresando de un retiro.
Fuera del escenario, Memo Ríos está casado con Martha Susana Thompson y es padre de Nadia. Su esposa lleva además el contacto de sus contrataciones, y eso dice algo del modo en que trabaja: es una carrera administrada en casa, sin capas de intermediarios entre el promotor y el artista. Quien quiere una fecha habla con quien decide la fecha.
Lo que queda después de repasar más de medio siglo de trabajo es una figura difícil de encasillar y muy fácil de programar. Memo Ríos no es un cantante que cuenta chistes ni un cómico que canta: es un artista de escenario formado en las tres cosas a la vez —música, comedia y actuación— y esa es justamente la clase de perfil que resuelve un cartel. Llena por reconocimiento de nombre, conecta con el público mayor que creció con él, y trae de vuelta al público joven que lo acaba de ver en televisión. Tiene repertorio propio, historia que contar y un lugar en la historia de la música mexicana que no depende de que alguien se lo conceda, porque está documentado. Para un promotor que necesita llenar una plaza con alguien que además de convocar sepa sostener el escenario durante toda la noche, esa combinación es la que se está contratando.
Línea del tiempo
Lo que hizoantes de tu cartel.
Seis momentos con fuente. Explican por qué programarlo no es programar nostalgia: es programar una carrera que no ha parado.
1951
Nace en Toluca
Guillermo Ríos nace el 25 de diciembre en Toluca, Estado de México. La fecha está corroborada por La Razón y Milenio, además de su propio sitio.
1975
Vuelve a México
Regresa al país con las dos formaciones juntas —música y actuación— y empieza a trabajarlas en el mismo escenario en lugar de por separado.
1979
El Cotorreo
Graba «El Cotorreo», su versión en español de «Rapper’s Delight» de Sugarhill Gang. Se le reconoce como el primer rap grabado en México; lo documentan Vice, Milenio y los archivos especializados del género.
1980
Debut en televisión
Entra a la televisión nacional de la mano de Raúl Velasco, que lo invita a sus programas después de «El Cotorreo». Él mismo lo contó en su entrevista con Vice.
2024
Aplausos al Rock
Publica un disco nuevo —no una reedición— que lo devuelve al rock con el que empezó todo. Aparece en su discografía real de Spotify.

2025
MasterChef Celebrity
Vuelve a la televisión nacional en MasterChef Celebrity México y queda delante de un público que no había nacido cuando grabó «El Cotorreo».

- 011951
Nace en Toluca
Guillermo Ríos nace el 25 de diciembre en Toluca, Estado de México. La fecha está corroborada por La Razón y Milenio, además de su propio sitio.
- 021975
Vuelve a México
Regresa al país con las dos formaciones juntas —música y actuación— y empieza a trabajarlas en el mismo escenario en lugar de por separado.
- 031979
El Cotorreo
Graba «El Cotorreo», su versión en español de «Rapper’s Delight» de Sugarhill Gang. Se le reconoce como el primer rap grabado en México; lo documentan Vice, Milenio y los archivos especializados del género.
- 041980
Debut en televisión
Entra a la televisión nacional de la mano de Raúl Velasco, que lo invita a sus programas después de «El Cotorreo». Él mismo lo contó en su entrevista con Vice.
- 052024

Aplausos al Rock
Publica un disco nuevo —no una reedición— que lo devuelve al rock con el que empezó todo. Aparece en su discografía real de Spotify.
- 062025

MasterChef Celebrity
Vuelve a la televisión nacional en MasterChef Celebrity México y queda delante de un público que no había nacido cuando grabó «El Cotorreo».
