«El Cotorreo»: cómo México grabó su primer rap en 1979

En septiembre de 1979 el grupo neoyorquino Sugarhill Gang publicó «Rapper's Delight», la canción que sacó al rap del Bronx y lo puso, por primera vez, en las radios del mundo. Ese mismo año, en México, el cantante Guillermo «Memo» Ríos grabó «El Cotorreo», su versión en español del tema. Medios como Vice y Milenio, además de los archivos especializados del género, coinciden en un punto: esa grabación se reconoce como el primer rap hecho en México.
Conviene detenerse en la velocidad del gesto, porque es lo que separa este hecho de una simple versión de moda. «Rapper's Delight» era, incluso dentro de Estados Unidos, una rareza: el rap no tenía todavía radio nacional, no tenía industria detrás y apenas tenía nombre como género. Que ese mismo año un artista mexicano lo escuchara, entendiera de qué se trataba y lo tradujera al español no es haberse subido a un éxito ya hecho. Es haber reconocido un género antes de que ese género terminara de existir como tal.
Esa distancia —entre seguir una moda y abrir una puerta— es la que coloca a «El Cotorreo» en el origen de una genealogía completa. Cada vez que se cuenta la historia del hip hop en México, la cuenta empieza por esa grabación de 1979, hecha en un país que todavía no tenía ni la palabra para nombrar el género que estaba escuchando.
«El Cotorreo» no se quedó en hito histórico: fue también un éxito comercial que le valió a Memo Ríos discos de oro. De ese éxito nació «aplausos» como sello personal, y de ahí «Ríos de Aplausos», el nombre con el que ha trabajado y titulado su obra desde entonces. Es, a la vez, un juego con su propio apellido y una declaración de oficio: lo que vende no es un género musical concreto, es la reacción del público.
El siguiente paso de esa historia ocurrió apenas un año después. En 1980, Memo Ríos debutó en la televisión nacional de la mano de Raúl Velasco, que lo invitó a sus programas después de escuchar «El Cotorreo» —él mismo lo ha contado en entrevista con Vice—. La pantalla le dio lo que ningún disco por sí solo puede dar: rostro reconocible en todo el país y la costumbre del público de recibirlo con confianza antes de que abriera la boca.
Más de cuatro décadas después, esa doble apertura —el primer rap grabado en español mexicano y el salto casi inmediato a la televisión nacional— sigue siendo la base sobre la que se entiende el resto de su carrera: un artista que no llegó tarde a nada, sino que llegó primero. Quien quiera ver ese arco completo, del rap de 1979 al disco de rock que publicó ya pasados los setenta años, puede recorrerlo en la línea de tiempo de su trayectoria.
